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miércoles, 21 de marzo de 2012

Cenando Motsunabe (もつ鍋) con Mark o removiendo los intestinos


Mark, el estadounidense que da patadas giratorias mientras te habla, me dijo el otro día de ir a cenar. Es un hombre rubio de unos 50 años largos, alto, que siempre viste chaqueta negra de cuero y sombrero tejano, con abundante pelo en los oídos y que al hablar hace unas inflexiones muy característica en el tono de voz. Lleva en Japón más de dos décadas (en distintas ciudades) en investigación, y al final ha acabado en el Museo del Lago Biwa (琵琶湖博物館). Es mi superior en el departamento, digámoslo así, y tiene una predilección enfermiza por la comida menos habitual: calamares putrefactos, intestinos y pulmones, gorriones fritos (que se comen rompiéndoles el cráneo), ballena... Así que cuando me invitó a cenar, yo ya sabía que el menú no iba a ser un Dinning de los que abundan en zonas turísticas. No me equivocaba.

Acabamos en un local de Kusatsu (草津市el pueblo en el que cojo el autobús para ir al museo), alejado del centro comercial y las calles principales, en el que, por supuesto, no tenían nada parecido a un menú en inglés, ni tan siquiera uno con fotos. Pero eso da igual, porque el cabrón de Mark habla un japonés más que fluido, y da esa seguridad que da moverte en un país extraño con alguien que domina el idioma. De todas las cosas que podía haber pedido tras los aperitivos (una carne guisada que se deshacía en la boca), cómo no, escogió el guiso de intestinos de vaca: el motsunabe. Básicamente, “nabe” () significa recipiente , y el plato se compone de una base de miso, tofu, vegetales (cebollino, col, ajo, brotes de soja y otros que no supe distinguir) e intestino (limpio y cortado, claro). Una de sus características es que se hace en la mesa, con un pequeño hornillo (cosa que les chifla a los japoneses, lo de cocinarse ellos mismos). Y sí, está muy bueno, no me miréis raro.

El caso es que el intestino era distinto a como lo imaginaba (podéis verlo en la foto), y consistía en una fina película de carne algo dura, recubierta por una buena capa de grasa. Y sabía a eso, a grasa, suave, pero empalagosa al cabo de un rato. Para mitigarlo, estaba el caldo, las verduras, el picante (uno a base de cítricos y sésamo y el otro de chile) y, cómo no, la bebida: primero tomamos la necesaria cerveza, para después acabar con “Makkoli” , una bebida coreana. Él se la pidió a palo seco, y a mí me pidió una en la que habían mezclado el licor con refresco de frutas. O algo parecido, vaya. Es decir, sabor 100% medicina: suaves aromas de Flumil con la potencia del ibuprofeno, y un retrogusto de Couldina. Pero refrescaba y quitaba la grasa del paladar, lo que se agradecía, en cualquier caso.

Y por supuesto, como estamos en Japón, nada de pedir postre (de hecho, ni siquiera había): para acabar la comida, y con el caldo que sobraba, pedimos unos fideos, los mezclamos y dimos por finalizado el festín. Y después, mis intestinos se pasaron tooooda la noche intercambiando experiencias con los de la vaca. Pero se portaron bien y no montaron ninguna fiesta, que es lo bueno de Japón: ya puedes comer pescado crudo, conservas rarísimas, picantes infernales, vegetales fermentados o lo que sea, que no te sienta mal.

Este país es la hostia.


Nada más dejártelo en la mesa, parece imposible de comer. Y sólo se ve la verdura y el tofu.



Pero al cabo de un rato de estar hirviendo (y meneándolo), va bajando. Y cuando está así...



... es cuando lo ponemos en el cuenco. Podéis ver los intestinos (izquierda), las veduras, el tofu
y el picante. Buenísimo, de verdad.


Y claro, ¡el "postre" que no falte!

lunes, 12 de marzo de 2012

Hoy ha nevado


Hoy me he levantado a las 6:15, y he visto esto:


Vista desde mi ventana en Kyoto


El caso es que se ha cumplido la previsión meteorológica y, aunque la nieve no ha durado mucho -a pesar de que durante el día sí que han caído copos de vez en cuando-, ya puedo decir que he visto Kyoto nevado :-)

Para celebrarlo -cualquier excusa es buena- he ido a comer Tonkatsu (filete de cerdo empanado) al sitio que me enseñó Isabel, donde tiene cierta gracia, ya que tienes que molerte tu el sésamo y, a parte, puedes repetir de sopa de miso, arroz y col tantas veces como quieras. Lo siento, pero como he comido a las 5 de la tarde, tenía tanta hambre que no he podido hacer foto para daros envidia ;-)

A la hora de cenar, y para no perder la costumbre, he cogido unas bandejitas de sushi del supermercado más cercano (salmón, salmón con cebolla, anguila y tofu) y una Yebisu (la cerveza japonesa que más me gusta, y la que es imposible encontrar en Valencia) y, ahora sí, he podido darles envidia a mis padres y a María mientras engullía la cena. ¡Y a vosotros, claro, que para eso he hecho foto! La gracia de esta frugal comida está en el descuento de las bandejas (20%) dado que es sushi comprado a última hora (10 minutos antes de cerrar): no es mucho (a veces he visto del 50%) pero así se lo quitan de encima, porque no vale para el día siguiente. Y en que, por fin, he sido capaz de leer la etiqueta de la salsa de soja (sashimi shōyu), para no confundirme con los otros tipos que hay (cocinar, tempura...), cosa para la cual en 2010 tuve que pedir ayuda.


En primer plano, nigiri de tōfu

domingo, 11 de marzo de 2012

La felicidad es un jersey con olor a carbón


Ayer cené en un yakitori, tal y como atestigua el olor a carbón y tabaco de mi ropa, y no podía dejar de maravillarme de estar allí, sentado enfrente de un atareadísimo pero sonriente Takahiro (el cocinero, cuyo nombre en un Katakana terriblemente enrevesado conseguí descifrar), al lado de hombres de negocios bien vestidos, tocando mi codo con una parejita de los más cool. Es una de esas sensaciones extrañas, encontrarte de pronto a 15.000 kilómetros de casa, pero a la vez, de alguna forma, sentirte también en casa, que todo encaja, que es tu lugar y no desentonas, pese a ser un gaijin en un local nada turístico un sábado por la noche. Estaba allí sentado, con mi nama biru (literalmente, cerveza “cruda”, es decir, de barril), mirando las tarjetas de visita que dejan los clientes del yakitori, comiendo un fabuloso Butabara (pincho de carne de cerdo con sal) y kawa (piel de pollo a la brasa), y no podía dejar de sonreir, por estar aquí, por sentirme bien, también por las sonrisas cómplices de comensales y de Takahiro, por saber que Japón quizás no es mi país, pero que me acoge como si lo fuese. Ayer, mientras repelaba el pincho de shiitake (setas japonesas), sentí que aquella cena era por fin la bienvenida a Japón, después de un Tonkotsu Ramen (fideos en caldo de huesos de cerdo) apresurado y a deshora el día de mi llegada, a pesar de comerlos en mi sitio preferido de la estación de Kyoto.

Hoy hace un sol maravilloso –llegué con lluvia-, estoy al lado de un lago enorme en el que invernan miles de aves, se ven montañas nevadas al fondo, empieza la primavera, pienso ir a comer Yakisoba a la orilla, debajo de un cerezo (han vuelto a abrir la convenience store del museo, que ahora es un Lawson’s), suena Built to Spill en los auriculares y estoy feliz, muy feliz, de estar, en este país.


La foto es del Tonkotsu Ramen de ayer. Como podéis ver, no es un sopinstant ;-)

martes, 22 de noviembre de 2011

Tonkotsu Ramen de panceta y chorizo.

Para "celebrar" el 20N, decidí hacerme un Tonkotsu Ramen (la copia china -Demae Ramen- que se puede encontrar en un ChinoMarket por 50 céntimos -0,95 en el TimoClub del Gourmet del ECI-) y abrir una Leffe Bruin. Mientras esperaba a que hirviese el agua de la kettle, un chorizo y dos tajadas de panceta que tenía en la nevera me miraron con ojos tristes, así que decidí que, por qué no, podrían acompañar a unos fideos en caldo con supuesto y sospechoso sabor a cerdo. Dicho y hecho: los pasé por la plancha, y después los dejé 3 minutos con el agua hirviendo. El resultado, mejor de lo esperado, quizás por el hambre, quizás porque el chorizo era muy bueno -el embutido de Llíria es punto y aparte-, o quizás por el efecto de la cerveza. En cualquier caso, ahí va el resultado:


いただきます! (Es decir, Itadakimasu!, que es la expresión que los japoneses dicen antes de comer -incluso solos-, y que no es exactamente una bendición, sinó que se puede traducir por "recibo humildemente")


viernes, 11 de noviembre de 2011

Una noche más en el Manga

Hace un par de días estábamos María y yo por el centro, y decidimos dirigirnos hacia el Manga Sushi Bar, el mejor sitio donde probar en Valencia el auténtico sushi (nada de esas porquerías dulzonas y plastificadas de los Woks, "asiáticos", y demás). Hacía ya un tiempo que no nos pasábamos, y lo cogimos con ganas. Elena lo borda, definitivamente; y más con bonito fresco, algas recién traídas de Nueva York y la promesa de hacer Ramen un día de estos, a partir de una receta de un chef coreano de EE.UU (cuyo libro, Momofuku, pudimos hojear). Os dejo con algunos platos, por si este fin de semana queréis acercaros (a digerir con buena comida la que se nos avecina), o bien a partir del día 21, que participan en la semana de Cuina Oberta (iniciativa muy interesante que os recomiendo que aprovechéis).




Udon (fideos gruesos) con shiitake (setas japonesas) El olor -y el sabor- que quizás más me hacen recordar Japón. Es instantáneo: me lo plantan delante y me encuentro en una pequeña taberna de Kioto. Y con una cara de felicidad...




Tartar de bonito con algas made in NY. Espectacular el pescado y el aliño.





Y para finalizar, un poco de sushi: nigiris de salmón, huevas de pez volador maceradas en wasabi y anguila japonesa ahumada, maki de salmón y uramaki de seta japonesa salteada con espinacas y zanahoria envuelto en sésamo y con salsa de miso dulce.





PS: Los de KLM (@KLM_ES) me han comentado que está difícil lo del viaje a Japón. Tampoco es que quisiese ir por la cara, tan sólo con una rebaja del asiento más cómodo para ver si vale la pena, y así poder contároslo ;-) En fin, seguiremos insistiendo (sin machacar) a ver si la próxima vez que vuelvo a Japón es en un cómodo B-777 de KLM

jueves, 3 de febrero de 2011

Ramen en mi casa (el regalo de Rie-san)

Tengo ganas de postear, pero no tengo tiempo, por mucho que me esfuerce en buscarlo debajo del sofá o entre las sábanas, así que pasan semanas sin actualizaciones por aquí, lo que no me gusta un pelo. No me gusta porque quizás parece que tengo menos que contar, aunque tengo bastantes cosas pendientes (algunos posts están a medio escribir desde mayo); no me gusta porque aún cuando esto parece un blog de colegas, siguen llegando comentarios y eso me anima a seguir, aunque sea sólo un poco más, aunque sea sólo hasta contaros lo que tengo anotado en un Word en un rincón cualquiera del ordenador.

Y ahora le ha tocado el turno a un par de fotos redescubiertas. Hace un par de meses, vi a Rie-san, de la que ya os hablé en otro post, y me regaló lo que más ilusión me podría hacer de su país: Ramen. No el Ramen de los Cup Noodles, ni mucho menos el de las copias chinas u holandesas; Ramen-Ramen, el que podías comprar en los establecimientos más famosos para llevarte a casa. Los que me conocéis sabéis mejor que nadie la tabarra que he dado con el Ramen, así que mejor regalo, imposible. Foto sin abrir:



Aunque la preparación del "pack" era muy básica (agua, fideos y sopa concentrada), se puede mejorar, cosa que hice siguiendo los pasos de "Cooking with the Dog", en el capítulo en el que cocina Yakibuta Ramen. Lo de cooking with the dog es literal: la mujer cocina con un perro al lado, tal cual. El vídeo me lo descubrió María; eso sí, ¡ya no sé de dónde lo sacó ella!

Yo hice mi versión rápida, y teniendo en cuenta que me faltaban algunos ingredientes. Freí las costillas de cerdo, y después las puse a hervir a fuego muuuy lento junto con un poco de cebollino. Mientras, herví un huevo (5 minutos) y lo puse a macerar un poco con salsa de soja y ginebra (en teoría es sake, pero no tenía) al 50% previamente calentada en el microondas. Antes de hervir los fideos y el agua para la salsa, saqué las costillas de cerdo y las volvía pasar por la sartén, fileteadas, con la salsa de los huevos, que ya había partido. Una vez hecho todo, se pone en un bol la salsa, los fideos, la carne, los huevos y se adorna al gusto con brotes de soja (no estaban muy allá) y cebollino (demasiado gusto a cebolla, el de Japón era más suave). Y queda algo como esto, que ya es bastante para mis limitadas aptitudes culinarias:




Y con esto, una Voll-Dam y unos palillos, soy más feliz que Alejandro Sanz en una tienda de fotografía con licencia exclusiva de Canon.

lunes, 15 de noviembre de 2010

El dispensador automático de naranjas

Me parece increíble no haber posteado esto, con la de veces que lo he contado. Pero no es lo mismo sin la foto, así que ahora lo entenderéis mejor ;)

Estaba yo caminando con Mark (quien trabajaba en el museo) y Mark (amigo del Mark del museo) cerca de Nara, entre monumentos, bosques, templos y bancales, cuando vi el rudimentario escaparate de la foto. Un poco atónito, les pregunté dónde estaba la persona que lo antendía, puesto que no se veía a nadie en todo el camino. La respuesta, que os la estaréis imaginando, era que no había persona alguna que se encargase de venderte las naranjas. Simplemente confiaban en que pagases por aquello que te llevabas, sin preocuparse de que no cogieses más de lo debido y dejases las monedas pertinentes. ¿Alguien se imagina cuánto tiempo durarían esas naranjas en España, si ya en las tiendas vigiladas desaparecen?

A los tres meses, ya había visto muchos más escaparates con autodispensador de mercancías (incluso en ciudades). Y qué queréis que os diga, son más bonitos y más baratos que las vending machines. Y, sobretodo, hablan maravillas del país en el que los encontré.


domingo, 10 de octubre de 2010

Probando otros dos restaurantes japoneses (y repitiendo en el Manga)

Me dicen que no actualizo: bueno, no me lo dicen, no hace falta, porque está claro que este blog está más parado que un libro de Alexis (bromilla privada, lo siento). Lo que pasa es que uno acaba bastante harto de escribir y estar cara al ordenador todo el día, y como los posts que tengo en mente ("Rebatiendo a loquemerevientadejapon" y "Consejos para viajar a Japón", entre otros) o son muy largos o requieren bucear entre los más de 30 gb de fotos que tengo repartidas entre distintos ordenadores (como si fuese un Fabra de la informática, un yonki de los Raws, un defraudador de Photoshop) pues pasa lo que pasa, que nunca encuentro ese rato para subir algo de nuevo material. Así que vamos con un post que seguro que Robert Rusk calificaría de frenéticamente delicioso, ecir, con mi (subjetiva y personal) valoración de dos nuevos restaurantes japoneses que he probado hace poco en mi ciudad.

  1. Ichido (Plaza del Ayuntamiento). Lo comentaba con Luis, y le ha pasado a otra gente: yo volvía de Japón, y en el avión pensaba en cómo iba a echar de menos determinada comida japonesa... que no era el sushi. Vivo en una ciudad con el mar a un tiro de piedra, y es sólo cuestión de buscar sitios, porque materia prima habrá. No, pensaba en el ramen, los fideos en caldo, una de las maravillas gastronómicas de este planeta. Venía preocupado por no poder encontrar nada parecido aquí, y, efectivamente, no hay nada parecido, pero yo no lo sabía cuando entré en "Ichido", un local que lleva ya un tiempo pero en el que nunca me había fijado. Se parece -relativamente- a un bar de ramen de Japón, con su barra para gente sola incluída, pero ahí se acaban las similitudes. Una forma de pedir a lo "100 montaditos" que ni me va ni me viene (prefiero los tickets japoneses, pero entiendo que no sea lo más adecuado en otro sitio), y una oferta bastante amplia en cuanto a ramen... que no incluía ninguno con cerdo! Una carta de ramen sin "tonkotsu" es una aberración, pero en serio, vayamos por partes. No entiendo por qué no hay ramen con cerdo, si: a) Es lo más habitual en Japón; b) Es barato; c) El cerdo suele gustar; d) Aquí hay mucho cerdo. No hace falta copiar milimétricamente la receta con huesos de cerdo, pero un par de cortaditas porcinas en vez de la ternera que comí (correosa) le irían mucho mejor. Pero eso no es lo peor. El caldo es agua, con algo de sabor, muy lejos de los caldos japoneses, que alimentan ellos solitos. Los fideos psá, la cantidad justa y el precio algo caro (6-8 euros por bol), especialmente teniendo en cuenta la calidad y cantidad. Para acompañar, pedimos sushi de salmón y atún (ni se te ocurra, el peor arroz de sushi que he probado, dulzón y de textura rarilla) y creo que unas empanadillas asiáticas (psá, pero en fin). Para beber Asahi y agua, me ofrecieron un chupito de sake -caliente y malillo- Veredicto: si quieres tener una remota idea de lo que es el ramen, no vayas. Pero si quieres probar algo nuevo, no te importa que sea tan japonés como yo pepero y tienes 15 euros en el bolsillo con los que no te piensas comprar el nuevo disco de New Pornographers, puedes pasarte por Ichido.
  2. Tastem (Ernest Ferrer, 14) Venía precedido por la etiqueta de "El mejor japonés de València" en algunos foros y webs. Nada más entrar, se nota que estás en un restaurante, con un empaque superior al Manga, pero con una decoración y mantelería discutibles. Una mesa con dos japoneses comiendo una enorme bandeja de sushi me dio confianza, y, en efecto, el sushi estaba muy bueno (salmón, atún y pez mantequilla). La carta te da una de cal y otra de arena (nunca he sabido cuál es la buena y cual la mala, aviso): mientras tienen platos auténticamente japoneses (yakisoba o okonomiyaki), la mayor parte del sushi son idas de olla tremendas, ecir, el equivalente a la paella con chorizo y guisantes. También ofrecen ternera de Kobe (wa-gyu) a unos precios que, aunque caros, es imposible que se correspondan con la verdadera ternera de Kobe. Por una parte está la raza (que sí, puede ser wa-gyu), pero por otra hay que considerar de dónde procede (la carne de EE.UU. o Australia es mucho más barata que la japonesa, al menos en Japón) y qué corte es (el precio puede duplicarse, triplicarse, cuadruplicarse... según si es una buena parte de la vaca o no). No ponen ninguno de estos datos, con lo que, en cierta medida, llevan a engaño a los comensales. La carta de vino es muy escueta, aunque hay algunas referencias interesantes; cervezas hay Kirin, Sapporo y Asahi, ni rastro de mi adorada Yebisu. Pero vamos a la comida: pedimos sushi (poco), sopa de miso, okonomiyaki y tempura de verduras. De postre, creo que brownie. El sushi, bueno, pero muy caro (4 euros el nigiri -como poco- me parece carísimo). La tempura, demasiado aceitosa y no tan ligera como la del Manga (y oh! justo el doble de cara). La sopa de miso, muy buena, y a precio razonable (no como el edamame, que no pedimos porque me parecía insultante que nos cobrasen 6 euros -en el Manga, otra vez, valen la mitad-). El okonomiyaki (que ellos llaman pizza japonesa pero que sería más adecuado calificar como el hijo bastardo de un crepe y una pizza deconstruida)... no era exactamente como me esperaba, aunque tengo que decir que, dado que en cada parte de Japón lo hacen de una forma tampoco puedo ir de purista en este caso. Estaba bueno, pero otra vez, caro, el doble de su precio en Japón (y sin que los ingredientes sean especialmente costosos o difíciles de conseguir, excepto un par que se ponen en poca cantidad). Al final, 35 euros por barba (sin vino, sólo con cerveza y agua), lo que me parece muy caro. Veredicto: un restaurante en el que sí, podrás comer auténtica comida japonesa (buen sushi magníficamente presentado, platos tradicionales difíciles de encontrar) pero que se pasa varios pueblos con algunos precios y desmerece su condición de "auténtico japonés" con determinada parte de la carta.
  3. Manga Sushi Bar (Conde Altea, 13) Y llegamos, ahora sí, al que es en mi opinión el mejor japonés de València. Mejor porque ofrece lo mismo que el Tastem, pero a precios más ajustados, que a veces son la mitad. Mejor porque es japonés sí o sí, y prueba de ello es que en su fachada o nombre no pone "japonés" en ningún momento. Mejor porque lo siento, si voy a un bar de sushi quiero salmón, atún, pulpo, anguila, gambas... Pero no invenciones que sí, pueden estar para chuparse los dedos, pero no son a lo que voy, ni lo que busco. Volví con mis padres y, animado por el hecho de que no estaba restringido al menú del día (muy aconsejable, por otra parte), pedimos: edamame, tempura (buenísima, repetimos), sashimi, makis y nigiris de salmón y atún, y nigiris de anguila (i-m-p-r-e-s-i-o-n-a-n-t-e, igual o mejor que en Japón), tofu, tortilla japonesa, gamba dulce, pez mantequilla y no recuerdo si algo más. De postre, trufas (chocolate y té verde) y helado de té verde. Todo, con 2 botellas de vino, y 3 cervezas nos salió por 45 euros/persona. Barato, no es, pero si lo pienso, sólo separan 10 euros a una comida normalita (Tastem) de un fantástico atracón de sushi (más otros platos, claro), acompañado de vino y cerveza. Veredicto: no es barato, pero si algún día queréis probar buen sushi, buena tempura y otros platos japoneses a un precio razonable, el Manga es vuestro sitio. Prefiero ir cada dos semanas a un sitio así que ir cada semana a comer sushi Ichido style.

jueves, 5 de agosto de 2010

Probando restaurantes japoneses en València

Tenía algo de reparo en empezar a probar restaurantes japoneses una vez de vuelta, tanto por las advertencias de distinta gente aficionada a la comida nipona como por mis experiencias previas. Creo que antes de ir a Japón había comido unas 4-5 piezas de maki-sushi en toda mi vida, en dos noches separadas; a la segunda, me entraban arcadas, así de claro. Debo exceptuar el Aoyama, al que fui dos veces, pero en el que me harté de unos makis de salmón, aguacate y queso de untar que poco tienen que ver con el sushi tradicional. Sin embargo, en Japón me he aficionado no sólo al sushi -en sus distintas variedades- sinó también al sashimi, que es el pescado crudo y punto. Es un auténtico manjar, de textura y sabor incomparables si el corte y la materia prima son buenos.

Bueno, al tema.
  • Sushicru: Quedé con Pau y Neus para unas cervezas y lo que se terciara, y se terció estar al lado del Sushicru (sitio del que Luis, quien ha estado un año en Tokio, me habló bien) y que yo tuviese ya mono de pescadito crudo tras dos semanas sin probarlo. Nos encontramos con unas conocidas de Neus -su red de contactos supera con creces a la de la CIA- y, con una Asahi Superdry en la mano esperamos nuestro turno. Pedimos unas gyozas, unos nigiris (de pez mantequilla, creo) y una tabla de sashimi; yo, aparte, una sopa de miso. Todo estaba bastante bueno (con la excepción de la sopa de miso, algo sosa), y el sashimi aceptablemente cortado. Aunque Pau hablaba maravillas de su salmón de Alcampo, primero tendré de probarlo xD El caso es que salí contento, en absoluto decepcionado y con la sensación de haber encontrado un sitio en el que podía comer un buen sushi. Eso sí, en un local minúsculo, con equipamiento algo limitado e incómodo y un precio bastante elevado para lo que yo estaba acostumbrado en Kyoto. Este punto es importante: probablemente, pagar 16-20 euros por una cena con sashimi variado, sushi, gyozas y cerveza no es especialmente caro en València, pero en Japón te puedes hartar -literalmente- de sushi de igual o mejor calidad por 10 euros. Cosas de un país com cal...
  • Manga Sushi Bar: lo conocí a través del Anuario Gastronómico de Vergara, y ya tenía intención de probarlo, pero al saber que era un sitio que frecuentaba -y recomendaba-Raquel, decidimos ir un día los del departamento a probarlo. El local está decorado con gusto, y si has ido a Japón, seguro que serás capaz de reconocer unas cuantas pinturas y murales al instante. El menú de mediodía son 13 euros -sin bebida-, que me parece un precio ajustado. Por eso, te dan una sopa/crema/ensalada y una tabla con un rollo de mano, 6 makis y 2 nigiris (o un menú tailandés, al que no hice ni caso). Cortado y hecho en el momento, estaba bien preparado -a la vista-, y me gustó probar el rollo de mano (no, no lo había probado). Los makis eran de salmón -que junto con el atún y la viera es de mis preferidos- y estaban buenos, pero sin ser espectaculares; los nigiris de pez mantequilla y pulpo (pelín flojos, una pena porque los prefiero a los makis) y el rollo de mano no me acuerdo, lo siento. La ensalada de atún estaba buena, y como era un poco escasa -era tarde ya- nos incluyeron las gyozas en el menú -estaban buenas-. Con el vino, edamame y un par de postres para 5 (helado de té verde y trufas de chocolate, ambos conseguidos) salimos a menos de 20 euros, lo que me parece una RCP mejor que el Sushicru (aunque sí, una cosa es cenar y otra es comer de "menú", pero es que el Carme es muy cool). Repetiré, seguro, quizás alguno de los menús más largos que tienen, o a la carta.

Que tenga en mente, me falta el Sushihome, probar qué tal lo llevan en el Zen, quizás acercarme al Tokio de al lado de casa y hacer caso a algunas recomendaciones leídas en foros. Es una pena que no haya restaurantes de ramen (que echo de menos mucho más que el sushi) o que platos como el tonkatsu o el curry japonés (facilísimos de hacer) no se oferten como contrapunto carnívoro. Los precios que veo -en webs- tampoco invitan a ir probando cada día; en un bar giratorio de sushi normalillo, 2 nigiris costaban 140 yenes, menos de 1,20 euros al cambio actual; por aquí de 2 euros y pico no bajan, y suele ser una pieza...

De cualquier forma, vuestras opiniones y experiencias son bienvenidas, que seguro que se me escapan sitos!

miércoles, 30 de junio de 2010

Sobre los “Cup Noodles”

Como ya sabéis de mi afición por los desastres apocalípticos y un mundo post-holocausto, no os debería sorprender que guarde reservas de comida por si un día se juntan en Kyoto el terremoto Tokai que está al caer, Gozilla, la armada norcoreana y Rita Barberá. ¿Y qué mejor elección que esta?

Mi estantería, a punto para una hecatombe


Los “Cup Noodle” (en realidad una marca, lo mismo que pasa cuando decimos “Kleenex”) son la prueba definitiva de que los japoneses son el pueblo escogido por Dios, porque mejor maná no imagino. A los israelís les debía tener tirria, porque mira que tantos años a base de maná old style en el desierto no tiene nombre. Después de crear las croquetas de mi madre y la tortilla de patatas y cebolla de mi abuelo, Dios se encontraba exhausto, al haber puesto toda su sabiduría culinaria en esos dos platos. Así que decidió, en su infinita sabiduría, crear algo sencillo y rápido para tomarse viendo el WoH (World of Humans, su particular videojuego) en pantalla de 12.000 km envolvente: los Cup Noodles, ramen deshidratado que aguanta meses y meses sin problemas –excepto si está en la misma habitación que Acebes, entonces al par de días está para tirar, porque los fideos se vuelven psicóticos y no saben si están hechos de morcilla o de lechuga, y mantienen abiertas las dos líneas de investigación para averiguarlo. Y yo, que soy su profeta -Dios está gordo, así que nosotros somos los elegidos, y los mansos que heredarán la tierra, porque ¿cuándo habéis visto a un gordo hiperactivo, aparte de a Dennis Nedry?- he decidido difundir la palabra. Pero antes debo probar su creación, que yo no me lo trago todo –en ese punto Lewinsky y yo nos parecemos- así que, básicamente, y que es de lo que trata este post, he comido todos los tipos de ramen deshidratado de las convenience stores, AKA Kombinis xD


Las creaciones divinas no siempre tienen buen aspecto, pero os garantizo que saben bien

Una cena al salir del trabajo

El otro día Kusuoka-san, un investigador del museo con el que cogí el último autobús que salía hacia la estación de tren, me dijo si quería cenar fuera, que era muy tarde. Le pregunté si no le importaría a su mujer, y me contestó que ella vive cerca de Tokyo, así que se ven muy poco. Me quedé muy sorprendido, pero intenté disimularlo, y le dije que sí, que encantado, porque además eran más de las 8, hubiese llegado a casa a las 9 y no tenía ganas de cocinar. Así que me llevó a un restaurante japonés en las cercanías de la estación de tren de Kusatsu, es decir, un restaurante cualquiera. Por fuera, un enorme escaparate con las réplicas de los platos en plástico me plantearon una decisión difícil, porque me apetecía la anguila (unagi), sushi y sashimi, soba, tempura, tonkatsu, ¡me apetecía todo lo que veía! Así que entramos, nos sentamos, pedimos dos cervezas y brindamos con el típico “Kampai”. Después pedimos, y yo le hice caso: escogí un set de platos pequeños, para probar distintas cosas, el que veis abajo. ¿El precio? 990 yenes, es decir, 9 euros justos ahora que el euro está por los suelos, 7-8 euros hace unos meses. ¿Alguien me puede decir dónde puedo comer –repito: agua y té gratis- algo parecido en València, sentado confortablemente en un espacio semiprivado, por menos de 10 euros? Sencillamente no existe en mi estafa de país, algo más grave aún si recordamos que Japón es un país más desarrollado que España, y en el que el nivel de vida es mayor en todos los aspectos.

Set de restaurante: arroz, sopa de miso, sashimi (vieira y atún), tofu con huevo y setas, espinacas con alubias, tempura (gambas, pimiento, calabacín, patata dulce)

domingo, 27 de junio de 2010

Sobre la comida de plástico y pedir en los restaurantes

Seguro que os habéis preguntado más de una vez si es muy complicado pedir comida en un restaurante en Japón. La respuesta es NO: es más fácil que en València. Igual creéis que exagero, pero no es así. ¿Cuantas veces os habéis encontrado ante una carta pretendidamente pomposa con nombres demasiado largos, o ante otra trufada de localismos culinarios, o ante tachones y menús anticuados? ¿Cuantas veces habéis tenido que preguntar qué era ese plato, o ese ingrediente, o cuál era el plato del día? ¿Cuantas veces os han servido algo diferente a lo que esperábais, bien porque os habíais confundido al pedir, bien porque el aspecto de lo presentado distaba mucho de cómo es en realidad ese plato -al estilo de Un día de furia-?

Aquí no pasa eso; no puede pasar. Generaría un agujero en el contínuo espacio-tiempo que os enviaría de vuelta a un 2010 alternativo en el que Ana Botella es presidenta de España, Aznar del Madrid y Zaplana cardenal. Aparte de esos detalles, de verdad, es complicado que tengáis ningún malentendido al pedir. ¿Por qué? Pues básicamente porque en el 90% de los bares y restaurantes hay un escaparate en el exterior en el que se muestran reproducciones extremadamente realistas de los platos que se sirve. Por si ello no fuese suficiente, dentro la carta está plagada de fotografías, con lo que sólo hay que señalar lo que se quiere y decir "Kore kudasai" -esto por favor-. No hay que pedir bebida, puesto que el té y agua -fresca- son gratis, no como en la estafa de país al que volveré en algo menos de tres semanas. Y si se quiere cerveza, más fácil que pedir "Biru" -japonización de beer- no hay nada.

En Gante tuve problemas para pedir un helado y un gofre, en inglés, ya que no me entendieron y nos trajeron 3 postres para 2. Que sí, un gordonauta siempre puede hacer el esfuerzo y comérselo, pero con lo caro que estaba todo ya podrían haberse imaginado que aquello era un error. En Brujas, donde comimos y por la tarde nos tomamos un chocolate y pannenkoeken, había que adivinar qué era cada cosa, y no os creáis que el camarero ayudaba. En Japón, han llegado a preguntar a los comensales si alguien sabía inglés, para ayudarme a pedir en un pequeño bar de Iwakuni. Vamos, lo mismo.

Otras facilidades y ventajas: muchos restaurantes tienen timbres en la mesa para llamar al camarero si necesitas algo, te dejan la cuenta al principio de la comida para que pagues a la salida en la caja -nada de esperas con el brazo en alto a que se cobren cuando les dé la gana- y no, no se deja propina. De hecho algunos camareros, cuando en la caja les das a entender que se pueden quedar con el cambio -porque es sólo morralla, unos pocos yenes que casi estorban más que otra cosa en el bolsillo, y que da hasta cosas esperar a que te los devuelvan-, no saben qué hacer, así que acabas cogiendo las monedas y sonriendo.



Un escaparate cualquiera de un restaurante cualquiera, en el centro de Kyoto

martes, 1 de junio de 2010

Sobre el café (¿lo qué?)


C-A-F-É. Si buscáis la traducción, es koohii, pero si lo pedís en cualquier sitio os sablarán 300 yenes por agua coloreada de sabor rarísimo. En un mes sólo me he tomado dos cafés dignos de ser llamados así; desgraciadamente, uno de ellos (el barato) estaba en Tokio. Bueno, el otro también xD
He probado en todo tipo de sitios -el Starbucks tampoco lo hace bueno- y no sólo es malo, sinó muy caro para mis estándares (que más o menos es, por un café normal, 1 euro; cpor un café bueno, 1,50-2). Así de acostumbrados están a estos brebajes, que no tienen inconveniente en beberse también esto:


Las primeras dos semanas mi café era esto, es decir, latas de vending machines, porque esto está plagado de máquinas expendedoras, eso sí: sólo de bebida -alguna de tabaco- y ninguna de comida, algo que me ha sorprendido, y mucho, especialmente si lo comparo con EE.UU. No son baratas (100-140 yenes) y no están buenas, además de que su contenido en cafeína sería inofensivo hasta para aquellos que con una coca-cola no duermen, pero es lo que tiene la prisa. Como añadido, te engañan constantemente, ponen "Espresso" como en la foto pero... ¡lleva leche! ¡Es un café con leche! Así que no quiero ni imaginar lo que será un "Café au Lait"; para un café (me niego a decir "solo", el café es café, y quien lo quiera con algo más, que lo diga) hay que fijarse en que ponga "Black". Ya véis, además, como mezclan tres idiomas como si tal cosa para denominar los cafés. Una cosa curiosa: asistí al cambio de caliente a frío. Cuando llegué, la mayoría de las máquinas vendían parte de las bebidas calientes, parte frías. Ahora, el 95% las venden frías, aunque sigue haciendo un fresco inusual para esta época del año.

Por otra parte, en mi casa estamos llevando a cabo un estudio de mercado para determinar la mejor combinación mezcla/cafetera. Tenemos una italiana de toda la vida y una máquina capaz de hacer espressos (ambas son de Harri, el chico finlandés), pero la cafetera es malilla y la espresso, como tampoco es muy buena, necesita café muy molido, que aquí es muy, muy, muy muy caro. Por las mañanas yo uso la cafetera old-style con café molido a bocados (es barato y rápido) y si algún día quiero un café decente, le robo algo de mezcla del Ikea a Harri (sí, tenemos café del Ikea). ¡Aún así, sigo echando de menos el café de casa!

lunes, 10 de mayo de 2010

Una cena que no pude evitar

Como la estación de Kyoto es el Jardín de las Delicias moderno (pero pintado por alguien mucho más interesado en la comida que en el sexo), es difícil resistir a la tentación de bajar del tren y no comprar alguna cosilla para cenar (más aún si uno es un gordonauta deslumbrado por pasillos y pasillos de bares y restaurantes). Ayer no lo pude evitar, y en el mostrador de un bar de sushi con barra giratoria, me compré esto por 800 yenes:



Que yo sepa, comí atún, salmón, vieira (o prima hermana), sepia, gamba subtipos 1 y 2, huevo y pulpo. Dudo con los extremos de arriba: el de la izquierda no sé si es cangrejo o langosta, y el de la derecha es que ni idea. Eso sí, estaba de cojones, con su soja, su wasabi (lo llevan incorporado) y su jengibre. Y su cervecita Yebisu, claro xD

lunes, 3 de mayo de 2010

Cosas que he hecho la primera semana

Pues sí, ya llevo una semana aquí, y la verdad que si me paro a pensarlo ya he hecho un montón de cosas...
  • Visitas en Kioto: Palacio Imperial, Sento, Katsura, Shuga-Kuin, Gion, templos del noreste, templos diversos del centro (no os podéis ni imaginar la cantidad que hay...)
  • Conocerme la estación de Kioto (es como Nuevo Centro + Aqua + El Saler, apretado y con 200 restaurantes en los que TODO tiene buena pinta)
  • Desempaquetar la maleta, organizarme la habitación, hacerme cliente asiduo de la panadería Sizuya y de los supermercados cercanos.
  • Sacarme la tarjeta ICOCA (pase de tren) y el bono de autobús, que tiene cojones que sea más caro que el tren.
  • Visitar Nara (impresionante) y senderismo plagado de templos en Tenri
  • Muestreo en arrozales y en el Lago Biwa
  • Análisis de muestras, presentarme al vicedirector (ritual de entrega de tarjeta), organizar mi espacio en el museo.
  • Comprar una cámara y hacerme socio de la tienda de fotografía más grande de Kioto
  • Ir al Hospital en festivo y a la farmacia (explicación, en otro post)
  • Dar un paseo en bici por los alrededores del Biwa-ko y comer una caja de bento en la hierba, entre famílias domingueras
  • Cenar con Mark en un restaurante de ramen sorbiéndolos como gilipollas y manchándome como un niño de anuncio de detergente.
  • Cenar, invitado, por Robin y su mujer en un restaurante de un pueblo, en el que me atiborraron con salmón, ternera, ensalda, una especie de quesadilla, arroz picante con huevo, carne y verduras, bolas de carne, calamar con puerros, postres, sake, cerveza y té.
  • Probar el okonomiyaki, tempura, sushi de atún (take away de un bar de barra giratoria), ramen, croquetas de kobe, rice-cakes y rice balls.
  • Presenciar dos veces y en días distintos la manifestación del primero de mayo.
  • Ver Back to the Future en VO y con subtítulos en japonés, así como unos cuantos concursos demenciales de TV
  • Visita guiada por el museo y acuario de unas 2 horas y media
  • Hacer unas 2200 fotos

Bueno, mañana más, que me caigo, es tarde y hay que levantarse en 5 horas y algo...
Oyasumi!

viernes, 30 de abril de 2010

Dos random-videos

Del primero de mayo en Nara (aunque lo celebraron el 29 de abril, ya que allí el 1 de mayo no es fiesta), donde podéis ver lo ordenaditos que son los japoneses hasta para manifestarse, y de cómo hacen las "rice-cakes" (lo siento, aquí sólo hablo inglés y arigatou), una especie de bolas verdes de arroz machacado con consistencia entre el chicle y un crêpe y relleno de judías dulces (están buenísimas). Obviamente es la versión historiada para turistas, pero no deja de ser curioso, y probablemente viene de lo aburrido que debe ser pastar durante mucho rato el arroz.