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domingo, 11 de marzo de 2012

La felicidad es un jersey con olor a carbón


Ayer cené en un yakitori, tal y como atestigua el olor a carbón y tabaco de mi ropa, y no podía dejar de maravillarme de estar allí, sentado enfrente de un atareadísimo pero sonriente Takahiro (el cocinero, cuyo nombre en un Katakana terriblemente enrevesado conseguí descifrar), al lado de hombres de negocios bien vestidos, tocando mi codo con una parejita de los más cool. Es una de esas sensaciones extrañas, encontrarte de pronto a 15.000 kilómetros de casa, pero a la vez, de alguna forma, sentirte también en casa, que todo encaja, que es tu lugar y no desentonas, pese a ser un gaijin en un local nada turístico un sábado por la noche. Estaba allí sentado, con mi nama biru (literalmente, cerveza “cruda”, es decir, de barril), mirando las tarjetas de visita que dejan los clientes del yakitori, comiendo un fabuloso Butabara (pincho de carne de cerdo con sal) y kawa (piel de pollo a la brasa), y no podía dejar de sonreir, por estar aquí, por sentirme bien, también por las sonrisas cómplices de comensales y de Takahiro, por saber que Japón quizás no es mi país, pero que me acoge como si lo fuese. Ayer, mientras repelaba el pincho de shiitake (setas japonesas), sentí que aquella cena era por fin la bienvenida a Japón, después de un Tonkotsu Ramen (fideos en caldo de huesos de cerdo) apresurado y a deshora el día de mi llegada, a pesar de comerlos en mi sitio preferido de la estación de Kyoto.

Hoy hace un sol maravilloso –llegué con lluvia-, estoy al lado de un lago enorme en el que invernan miles de aves, se ven montañas nevadas al fondo, empieza la primavera, pienso ir a comer Yakisoba a la orilla, debajo de un cerezo (han vuelto a abrir la convenience store del museo, que ahora es un Lawson’s), suena Built to Spill en los auriculares y estoy feliz, muy feliz, de estar, en este país.


La foto es del Tonkotsu Ramen de ayer. Como podéis ver, no es un sopinstant ;-)

jueves, 3 de febrero de 2011

Ramen en mi casa (el regalo de Rie-san)

Tengo ganas de postear, pero no tengo tiempo, por mucho que me esfuerce en buscarlo debajo del sofá o entre las sábanas, así que pasan semanas sin actualizaciones por aquí, lo que no me gusta un pelo. No me gusta porque quizás parece que tengo menos que contar, aunque tengo bastantes cosas pendientes (algunos posts están a medio escribir desde mayo); no me gusta porque aún cuando esto parece un blog de colegas, siguen llegando comentarios y eso me anima a seguir, aunque sea sólo un poco más, aunque sea sólo hasta contaros lo que tengo anotado en un Word en un rincón cualquiera del ordenador.

Y ahora le ha tocado el turno a un par de fotos redescubiertas. Hace un par de meses, vi a Rie-san, de la que ya os hablé en otro post, y me regaló lo que más ilusión me podría hacer de su país: Ramen. No el Ramen de los Cup Noodles, ni mucho menos el de las copias chinas u holandesas; Ramen-Ramen, el que podías comprar en los establecimientos más famosos para llevarte a casa. Los que me conocéis sabéis mejor que nadie la tabarra que he dado con el Ramen, así que mejor regalo, imposible. Foto sin abrir:



Aunque la preparación del "pack" era muy básica (agua, fideos y sopa concentrada), se puede mejorar, cosa que hice siguiendo los pasos de "Cooking with the Dog", en el capítulo en el que cocina Yakibuta Ramen. Lo de cooking with the dog es literal: la mujer cocina con un perro al lado, tal cual. El vídeo me lo descubrió María; eso sí, ¡ya no sé de dónde lo sacó ella!

Yo hice mi versión rápida, y teniendo en cuenta que me faltaban algunos ingredientes. Freí las costillas de cerdo, y después las puse a hervir a fuego muuuy lento junto con un poco de cebollino. Mientras, herví un huevo (5 minutos) y lo puse a macerar un poco con salsa de soja y ginebra (en teoría es sake, pero no tenía) al 50% previamente calentada en el microondas. Antes de hervir los fideos y el agua para la salsa, saqué las costillas de cerdo y las volvía pasar por la sartén, fileteadas, con la salsa de los huevos, que ya había partido. Una vez hecho todo, se pone en un bol la salsa, los fideos, la carne, los huevos y se adorna al gusto con brotes de soja (no estaban muy allá) y cebollino (demasiado gusto a cebolla, el de Japón era más suave). Y queda algo como esto, que ya es bastante para mis limitadas aptitudes culinarias:




Y con esto, una Voll-Dam y unos palillos, soy más feliz que Alejandro Sanz en una tienda de fotografía con licencia exclusiva de Canon.