Mostrando entradas con la etiqueta Kyoto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kyoto. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de marzo de 2012

Dos mujeres o dos fotografías


Dos mujeres. Dos fotografías. O dos sitios de Kyoto muy diferentes. O quizás no tanto.

De paseo en el Kennin-ji, me giré rápido (no me gusta hacer fotos directamente, como si las personas fuesen una atracción turística), llevaba la S90 y sólo pude hacer un disparo antes de que un par de abueletes me jodiesen la escena. Es lo que hay. Sin retoque, por tiempo, formato y ganas.


Me estaba guardando la D90 (acoplada al 35mm, que era de noche), para cruzar la estación de Kyoto, cuando por alguna razón me llamó la atención esta mujer que corría como si perdiese el tren. Quizás lo estaba perdiendo, vaya. Pelín recortada, pero nada más. Me gusta la luz; ¿para qué cambiarla?


lunes, 12 de marzo de 2012

Hoy ha nevado


Hoy me he levantado a las 6:15, y he visto esto:


Vista desde mi ventana en Kyoto


El caso es que se ha cumplido la previsión meteorológica y, aunque la nieve no ha durado mucho -a pesar de que durante el día sí que han caído copos de vez en cuando-, ya puedo decir que he visto Kyoto nevado :-)

Para celebrarlo -cualquier excusa es buena- he ido a comer Tonkatsu (filete de cerdo empanado) al sitio que me enseñó Isabel, donde tiene cierta gracia, ya que tienes que molerte tu el sésamo y, a parte, puedes repetir de sopa de miso, arroz y col tantas veces como quieras. Lo siento, pero como he comido a las 5 de la tarde, tenía tanta hambre que no he podido hacer foto para daros envidia ;-)

A la hora de cenar, y para no perder la costumbre, he cogido unas bandejitas de sushi del supermercado más cercano (salmón, salmón con cebolla, anguila y tofu) y una Yebisu (la cerveza japonesa que más me gusta, y la que es imposible encontrar en Valencia) y, ahora sí, he podido darles envidia a mis padres y a María mientras engullía la cena. ¡Y a vosotros, claro, que para eso he hecho foto! La gracia de esta frugal comida está en el descuento de las bandejas (20%) dado que es sushi comprado a última hora (10 minutos antes de cerrar): no es mucho (a veces he visto del 50%) pero así se lo quitan de encima, porque no vale para el día siguiente. Y en que, por fin, he sido capaz de leer la etiqueta de la salsa de soja (sashimi shōyu), para no confundirme con los otros tipos que hay (cocinar, tempura...), cosa para la cual en 2010 tuve que pedir ayuda.


En primer plano, nigiri de tōfu

domingo, 11 de marzo de 2012

La felicidad es un jersey con olor a carbón


Ayer cené en un yakitori, tal y como atestigua el olor a carbón y tabaco de mi ropa, y no podía dejar de maravillarme de estar allí, sentado enfrente de un atareadísimo pero sonriente Takahiro (el cocinero, cuyo nombre en un Katakana terriblemente enrevesado conseguí descifrar), al lado de hombres de negocios bien vestidos, tocando mi codo con una parejita de los más cool. Es una de esas sensaciones extrañas, encontrarte de pronto a 15.000 kilómetros de casa, pero a la vez, de alguna forma, sentirte también en casa, que todo encaja, que es tu lugar y no desentonas, pese a ser un gaijin en un local nada turístico un sábado por la noche. Estaba allí sentado, con mi nama biru (literalmente, cerveza “cruda”, es decir, de barril), mirando las tarjetas de visita que dejan los clientes del yakitori, comiendo un fabuloso Butabara (pincho de carne de cerdo con sal) y kawa (piel de pollo a la brasa), y no podía dejar de sonreir, por estar aquí, por sentirme bien, también por las sonrisas cómplices de comensales y de Takahiro, por saber que Japón quizás no es mi país, pero que me acoge como si lo fuese. Ayer, mientras repelaba el pincho de shiitake (setas japonesas), sentí que aquella cena era por fin la bienvenida a Japón, después de un Tonkotsu Ramen (fideos en caldo de huesos de cerdo) apresurado y a deshora el día de mi llegada, a pesar de comerlos en mi sitio preferido de la estación de Kyoto.

Hoy hace un sol maravilloso –llegué con lluvia-, estoy al lado de un lago enorme en el que invernan miles de aves, se ven montañas nevadas al fondo, empieza la primavera, pienso ir a comer Yakisoba a la orilla, debajo de un cerezo (han vuelto a abrir la convenience store del museo, que ahora es un Lawson’s), suena Built to Spill en los auriculares y estoy feliz, muy feliz, de estar, en este país.


La foto es del Tonkotsu Ramen de ayer. Como podéis ver, no es un sopinstant ;-)

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Una foto

Sí, esto va en serio (lo de volver a escribir en el Blog), y más viendo que desde que colgué la nueva entrada tengo más de cien visitas nuevas en menos de 24h. Gracias ;-)

Así que hoy, aunque estoy liado y con mucho trabajo, recupero una foto que me gusta especialmente (pendiente de ciertos retoques, eso sí). Cuando colgué mi post del viaje por Japón, hace ya demasiado tiempo, no puse ninguna foto de Kioto, mi ciudad, con la excusa de hacerlo más adelante (en realidad, se merece un blog entero...). Poco a poco he ido subiendo algunas, pero pocas tan representativas como ésta de lo que es una ciudad que fue capital de Japón durante tantos siglos: templos, belleza y una tranquilidad que te abruma. Y más cuando paseas, medio perdido, por el Fushimi Inari Taisha (伏見稲荷大社), uno de los templos más maravillosos de toda la ciudad (y probablemente del país). Es una montaña entera, con miles de Torii (sí, esas "puertas" rojas que véis en muchos templos sintoístas) diseminados, en la que te puedes perder -mejor dicho: en la que te perderás- entre sus más de 32.000 capillas (no, no es broma), sus caminos, lugares de reposo y miradores. No sé cómo conseguí salir de allí, sin apenas orientación ni entender señal alguna, pero sé que fue uno de mis mejores días en Kioto. Salí feliz, sudado por la humedad y el esfuerzo de subir la montaña, recordando mis encuentros con un amable hombre que me indicó, sin yo pedírselo, cómo subir a la cima, y con jugadores de béisbol entrenándose en empinadísimas escaleras.

Tengo muchas, muchísimas fotos de éste templo, pero os pongo la que quiero ampliarme para la pared del comedor.



Quizás os suene de "Memorias de una Geisha". A mí no, pero me fijaré si la vuelvo a ver...



PS: ¿Volveré a perderme entre los Torii en unos pocos meses gracias a @KLM_ES? No lo sé aún :-)

lunes, 3 de mayo de 2010

Cosas que he hecho la primera semana

Pues sí, ya llevo una semana aquí, y la verdad que si me paro a pensarlo ya he hecho un montón de cosas...
  • Visitas en Kioto: Palacio Imperial, Sento, Katsura, Shuga-Kuin, Gion, templos del noreste, templos diversos del centro (no os podéis ni imaginar la cantidad que hay...)
  • Conocerme la estación de Kioto (es como Nuevo Centro + Aqua + El Saler, apretado y con 200 restaurantes en los que TODO tiene buena pinta)
  • Desempaquetar la maleta, organizarme la habitación, hacerme cliente asiduo de la panadería Sizuya y de los supermercados cercanos.
  • Sacarme la tarjeta ICOCA (pase de tren) y el bono de autobús, que tiene cojones que sea más caro que el tren.
  • Visitar Nara (impresionante) y senderismo plagado de templos en Tenri
  • Muestreo en arrozales y en el Lago Biwa
  • Análisis de muestras, presentarme al vicedirector (ritual de entrega de tarjeta), organizar mi espacio en el museo.
  • Comprar una cámara y hacerme socio de la tienda de fotografía más grande de Kioto
  • Ir al Hospital en festivo y a la farmacia (explicación, en otro post)
  • Dar un paseo en bici por los alrededores del Biwa-ko y comer una caja de bento en la hierba, entre famílias domingueras
  • Cenar con Mark en un restaurante de ramen sorbiéndolos como gilipollas y manchándome como un niño de anuncio de detergente.
  • Cenar, invitado, por Robin y su mujer en un restaurante de un pueblo, en el que me atiborraron con salmón, ternera, ensalda, una especie de quesadilla, arroz picante con huevo, carne y verduras, bolas de carne, calamar con puerros, postres, sake, cerveza y té.
  • Probar el okonomiyaki, tempura, sushi de atún (take away de un bar de barra giratoria), ramen, croquetas de kobe, rice-cakes y rice balls.
  • Presenciar dos veces y en días distintos la manifestación del primero de mayo.
  • Ver Back to the Future en VO y con subtítulos en japonés, así como unos cuantos concursos demenciales de TV
  • Visita guiada por el museo y acuario de unas 2 horas y media
  • Hacer unas 2200 fotos

Bueno, mañana más, que me caigo, es tarde y hay que levantarse en 5 horas y algo...
Oyasumi!

miércoles, 28 de abril de 2010

La vida en Japón es muy fácil

Todo el mundo pronosticaba un shock cultural, un cambio radical entre Valencia y Kyoto, pero no sólo no es así, sinó que cada día que pasa veo más cosas en común, aún a pesar de algunas diferencias que me hacen darme cuenta de dónde estoy. No me gusta generalizar, pero tendré que hacerlo, porque de lo contrario no hay forma de comparar dos culturas, o dos países.

La vida aquí es fácil, te la hacen fácil, y yo me encuentro muy agusto. De hecho, dudo que si me hubiese ido a vivir fuera de casa en Valencia estuviese tan bien. Tiene cojones que en Bélgica tuviese más malentendidos en bares y restaurantes que en Japón en el mismo tiempo. Allí, desde no hacer visible que te habían escuchado dar las gracias, hasta servirte platos equivocados, pasando por vender tickets de tren que no eran. Todo eso en 4 días. Aquí, en un país en el que el inglés está al nivel de España en los 70, en el que pocas cosas están en romaji, en el que he pedido platos que ni conocía en un idioma en el que sólo sé 4 palabras, en el que he entrado en tiendas de pueblo y he cogido trenes de cercanías en el que sólo viajan japoneses, en el que he comprado en droguerías y en panaderías de barrio, no he tenido ni un solo malentendido, me han atendido perfectamente y lo han hecho todo facilísimo, sin contar lo agradable que es entrar a un sitio con todo el personal sonriente (os juro que no se les ve forzados) y dispuestos a ayudarte en lo que sea. Para un flamenco, un francés o un inglés, si no sabes su idioma es TU fallo y ya te apañarás, que ellos no van a hacer ningún esfuerzo; para un japonés, SU misión es hacértelo todo lo menos complicado que puedan, y ya se buscarán ellos la vida (gestos, señales, inglés ultra-básico) para hacerse entender. Y que conste que no es sólo cuestión de idioma, es una forma de hacer las cosas.

Aparte de eso, y hablando de similitudes, Kyoto es una ciudad perfecta en tamaño, igual que València. Cierto es que en mi pateo de hace dos días acabé muerto (de 7.00 am hasta las 9 pm y 20 kilómetros según el mapa), pero el caso es que desde la parte sur, donde estoy yo, hasta el centro se puede ir andando. Está claro que si se va de turista lo interesante es llegar cuanto antes para aprovechar, aunque en medio te pierdes una enorme variedad de gente, calles, comercios y ambientes. Es plana, y el tiempo es idéntico ahora mismo, tanto de temperatura como de humedad. Está rodeada de campos de arroz y montañas, aunque aquí los bosques son muy frondosos y llegan al límite de la ciudad. Pero los arrozales (voy a intentar colgar alguna foto aquí o en el flickr en cuanto pueda) presentan un paisaje muy, muy parecido al de l’Albufera, e incluso su historia de desecación, cambios de uso, etc, es muy similar. Pero vamos con tres diferencias.

1) No hay barrios peligrosos. Ninguno. Ni buscando adrede. Ni bajo de un puente (hay pistas de tenis para aprovechar el espacio), ni en un parque por la noche, ni en una calle andando solo. Probablemente haya zonas más deprimidas, pero sólo tenéis que ver la web del Ministerio de Exteriores. La seguridad ciudadana es una percepción más que otra cosa, y aquí se nota la ausencia total de esa percepción. Hay que venir aquí para entenderlo, no se puede explicar. Yo no me lo creía. Ya podéis ver que sólo han hecho falta un par de días aquí.

2) Decía que Kyoto es parecida a València. Que es llana, que tiene un tamaño similar, un clima similar. Entonces, ¿por qué aquí hay tantas bicis? ¿Por qué la gente, ejecutivos incluidos, va en bici? No es sólo Kyoto, está claro, otras ciudades españolas y europeas tienen un panorama similar, pero la comparación con Kyoto es la más ajustada por orografía y extensión. Incluso me atrevería a decir que Valencia es aún mejor que Kyoto para ir en bici: llueve menos, hay rondas interiores y tiene una arteria verde como el río. Saquen sus propias conclusiones.

3) Está LIMPIA. Pero limpia quiere decir limpia como el suelo de tu casa. O más. Después de 14 horas andando contabilicé 2 colillas, 1 papel y 1 pequeño plástico. Seguro que tenéis más mierda en la cocina y el comedor que todo el centro de Kyoto junto. El plástico era de Chupa-Chups, o sea que ya sabemos de dónde venía. La estación de Kyoto es un edificio impoluto, pese a la cantidad de gente que lo transita y su extensión. En Europa, por avanzada que sea la ciudad, las estaciones de tren son invariablemente de lo peorcito que hay: reventados y camellos en Ámsterdam, ladrones y pedigüeños en París y tirados y borrachos en Bruselas (uno de los días estaba la policía deteniendo a un par de personas). La estación de autobuses de San Francisco (una ciudad maravillosa, aunque con su reverso oscuro) es la peor en la que he estado (rivalizando con la de Sacramento); probablemente un paseo por el Bronx en plena noche fuese más seguro y agradable. ¿Cómo puede estar tan limpia? Una ciudad se ensucia cuando se dan 2 circunstancias: la gente es guarra (ejemplo clarísimo: Valencia) y se limpia poco y mal. Aquí se da la inversa: en la vida verás a un japonés tirar algo al suelo (es más, ni tan siquiera lo verás tirarlo al receptáculo equivocado, porque aquí NO hay papeleras por la calle, sino, muy de tanto en tanto, mini-contenedores para los distintos tipos de residuos), y están constantemente limpiando, aunque no esté sucio. Esta mañana, por ejemplo, he visto a un grupo de 7 personas vestidas con traje de oficina, 2 mujeres y 5 hombres de distintas edades, bajar a la calle con escoba y recogedor. Obviamente no son trabajadores de la empresa de limpieza, puesto que ese caso llevarían un atuendo adecuado. Son gente que hace eso de forma ocasional, y por lo tanto, voluntaria. Y sí, se han puesto a barrer la calle, un ejecutivo mayor hasta se ha arrodillado a arrancar UNA A UNA las plantitas que crecen en la acera, una mujer ha arreglado las flores del jardín… ¿Captáis la idea? CUIDAN su calle. Y estoy seguro de que ni tan siquiera es donde viven, sino donde trabajan. Toma ya.

Y lo dejamos aquí, que yo se supone que he venido a este país a trabajar, y me toca ponerme otra vez en el asunto, después de parar un momento a comer.

Ja mata ne!