lunes, 14 de marzo de 2011

Terremoto

El día del terremoto en Japón vi esta foto de la bahía de Odaiba en Tokyo en El País:

Edificio en la Bahía de Odaiba, 11/03/11


Y me acordé de que yo había estado bajo ese edificio unos meses antes, y que tomé una pésima foto del lugar, fascinado como estaba por la arquitectura y el ambiente de la Bahía de Odaiba, en la que acababa de visitar el Miraikan (Museo de Ciencias Emergentes). Quizás para los japoneses sea un vulgar edificio; para mí era impactante. Y para un francés seria un orgullo nacional y monumento visitable en "La Défense", que a chauvinistas no les gana nadie.

Ahora es tan sólo una simple foto de agencias de un edificio anónimo enmedio de una avalancha multimedia de testigos del horror. Hay cosas más urgentes, hay pueblos arrasados y yo aquí colgando fotos de un edificio con un poco de humo.

Edificio en la Bahía de Odaiba, 17/05/10




miércoles, 16 de febrero de 2011

1685

Me informa el nuevo gadget que acabo de incluir que 1685 es el número de veces que alguien ha visto alguna de las páginas del blog. A todos los que formáis parte de ese número, gracias ;-) ¡Seguro que la mascota de Hikone os regala algo a los fieles lectores!


El centro de Osaka


Hoy me apetecía colgar una foto sin más. Repasando algunas de Osaka, que me gustó mucho más que Tokio (quizás porque me esperaba lo contrario) me encuentro una del centro comercial, de una de esas galerias que tanto les gustan a los japoneses (y ríete de las aglomeraciones de rebajas por aquí).

Y a cuento de Osaka, otro día, con tiempo y sin fiebre, pongo algo de sus tiendas de discos, de las que tengo una buena colección de bolsas :-)

jueves, 3 de febrero de 2011

Ramen en mi casa (el regalo de Rie-san)

Tengo ganas de postear, pero no tengo tiempo, por mucho que me esfuerce en buscarlo debajo del sofá o entre las sábanas, así que pasan semanas sin actualizaciones por aquí, lo que no me gusta un pelo. No me gusta porque quizás parece que tengo menos que contar, aunque tengo bastantes cosas pendientes (algunos posts están a medio escribir desde mayo); no me gusta porque aún cuando esto parece un blog de colegas, siguen llegando comentarios y eso me anima a seguir, aunque sea sólo un poco más, aunque sea sólo hasta contaros lo que tengo anotado en un Word en un rincón cualquiera del ordenador.

Y ahora le ha tocado el turno a un par de fotos redescubiertas. Hace un par de meses, vi a Rie-san, de la que ya os hablé en otro post, y me regaló lo que más ilusión me podría hacer de su país: Ramen. No el Ramen de los Cup Noodles, ni mucho menos el de las copias chinas u holandesas; Ramen-Ramen, el que podías comprar en los establecimientos más famosos para llevarte a casa. Los que me conocéis sabéis mejor que nadie la tabarra que he dado con el Ramen, así que mejor regalo, imposible. Foto sin abrir:



Aunque la preparación del "pack" era muy básica (agua, fideos y sopa concentrada), se puede mejorar, cosa que hice siguiendo los pasos de "Cooking with the Dog", en el capítulo en el que cocina Yakibuta Ramen. Lo de cooking with the dog es literal: la mujer cocina con un perro al lado, tal cual. El vídeo me lo descubrió María; eso sí, ¡ya no sé de dónde lo sacó ella!

Yo hice mi versión rápida, y teniendo en cuenta que me faltaban algunos ingredientes. Freí las costillas de cerdo, y después las puse a hervir a fuego muuuy lento junto con un poco de cebollino. Mientras, herví un huevo (5 minutos) y lo puse a macerar un poco con salsa de soja y ginebra (en teoría es sake, pero no tenía) al 50% previamente calentada en el microondas. Antes de hervir los fideos y el agua para la salsa, saqué las costillas de cerdo y las volvía pasar por la sartén, fileteadas, con la salsa de los huevos, que ya había partido. Una vez hecho todo, se pone en un bol la salsa, los fideos, la carne, los huevos y se adorna al gusto con brotes de soja (no estaban muy allá) y cebollino (demasiado gusto a cebolla, el de Japón era más suave). Y queda algo como esto, que ya es bastante para mis limitadas aptitudes culinarias:




Y con esto, una Voll-Dam y unos palillos, soy más feliz que Alejandro Sanz en una tienda de fotografía con licencia exclusiva de Canon.

sábado, 20 de noviembre de 2010

3D

¿Qué, alucináis con las televisiones en 3D que hay por aquí? ¿Con las demostraciones de las tiendas? Bueno, hay sitios en los que nos llevan bastante ventaja...



Visto en Biku-Kamera, la tienda más grande de electrónica de Kyoto y la que tiene la canción más pegadiza y machacante. ¡Y de la que aún soy socio, por cierto!

jueves, 18 de noviembre de 2010

El zapatero del trabajo

Pues sí, en el museo también había un zapatero para dejar el calzado de calle y ponerse las pantuflas, con lo que no es sólo una cuestión de tu propia casa. Yo tenía allí mis propias zapatillas de ir por casa, pero también había para quienes no tuvieran. ¿Os parece excesivo? Os pongo un par de ejemplos de los que me acordé ayer.

Hace poco que he empezado a dar alguna clase en la universidad (como obligación -o derecho, no lo tengo claro- del becario), y algunas son prácticas de campo, lo que se traduce en ir al Saler y tomar una serie de parámetros ambientales sobre el terreno. Como de momento GozRita no ha conseguido urbanizar todo el término de València, eso significa que no estamos a cubierto y que si llueve, nos mojamos. Nosotros por las gotas, y los zapatos, en los charcos murphyanos estratégicamente colocados. Resultado: zapatillas del Decathlon empapadas y calcetines como para sacar footcofee. Para entrar en un bar, lo ensucias todo, lo mismo en la universidad, e ídem en tu casa, en la que si además tienes moqueta o parquet la cosa se pone interesante.

En Japón, al volver de muestrar, tu lugar de trabajo permanecía limpio, puesto que dejabas a la entrada las botas enfangadas; además, tenían una zona exterior en la que limpiar el material (redes, vadeadores, cubos) algo que aquí echo mucho en falta. O por ejemplo, al ir a comer enmedio de un día de muestreo, en Kanazawa, Takahiro se empeñó en ir a un restaurante decente (no como aquí, que comemos cualquier cosa de forma rápida), y yo me opuse debido al lamentable aspecto que presentaba. Él me miró y me dijo: No problem! Entramos al sitio, con suelo de madera, nos descalzamos en un pequeño recibidor y nos dieron unas chanclas. Fuera de la mesa se quedó el barro y no nos tuvimos que preocupar por poner perdido el restaurante, además de la comodidad que supone quitarse las botas en un día en el que te lo pasas metido en charcos y barrizales.

Total: que tontería, poca, es de lo más útil en un museo de ciencias naturales de un país lluvioso. Por cierto, ¿adivináis cuales son mis botas de montaña?



martes, 16 de noviembre de 2010

Sobre el anuncio de Ono y las excursiones de escolares

Después de meses he decidido volver a colgar nuevas fotos e historias, en parte por la insistencia de algunas personas, y en parte porque lo prometido es deuda. Y también, para qué negarlo, porque he visto un par de anuncios que me han recordado dos experiencias muy concretas (y diferentes) de Japón. De momento le toca el turno al anuncio de Ono, en el que salen unos escolares monísimos con sombreros amarillos. Y pensaréis ¿es verdad o es para hacer más llamativo el anuncio? E imagino que ya vais adivinando la respuesta ;)

Sí, los niños siempre van con un gorrito o sombrero (y uniformados), al menos cuando van por la calle en horario escolar. Además, hay variedad de sombreros, supongo que para no confundirse en las mareas de locos bajitos que se originan en sitios muy concurridos. Sin embargo, mi encuentro con uno de estos grupos lo tuve en Kanazawa, mientras tomaba unas muestras de agua en unos arrozales de las afueras de la ciudad. De pronto mi lugar de trabajo se vio invadido por una horda de niños y niñas, quienes, a pesar de la disciplina que intentaba imponer el profesor, se dispersaron rápidamente por los bancales. Algunos tomaban apuntes en una libreta, presumiblemente sobre las variables ambientales y limnológicas del ecosistema. Me pareció increíble -fantástico- que los alumnos se iniciasen tan pronto en un camino que a mí me había costado 25 años empezar.

Y en esas estaba yo -botas enfangadas, manos empapadas, camiseta sudada- cuando se acercaron un par de niñas monísimas que me preguntaron qué estaba haciendo. Supongo que pensaron que estaba en un lugar tan alejado de los circuitos turísticos, que por fuerza debía llevar un tiempo en el país y saber japonés. O no pensaron nada y simplemente preguntaron. Yo levanté las cejas y sonreí, pero afortunadamente Takahiro (el profesor de universidad que nos acompañaba), empezó a contestarles; sólo entendí las palabras "agua" "español" e "investigación". Las niñas se pusieron a aplaudir emocionadísimas, y durante unos cuantos minutos -hasta que tuvieron que irse- se quedaron mirando, muy atentamente, todo aquello que yo hacía (medir el pH, temperatura y conductividad del agua, filtrar con una jeringuilla...).

Y me pregunto yo, ¿si unos niños españoles se encuentran con un investigador japonés que estudia los arrozales, se les iluminaría la cara así? Me alegraron la tarde, y ahora, gracias a Ono, me acuerdo de ellas y os lo cuento a vosotros.