viernes, 30 de abril de 2010
Dos random-videos
miércoles, 28 de abril de 2010
La vida en Japón es muy fácil
Aparte de eso, y hablando de similitudes, Kyoto es una ciudad perfecta en tamaño, igual que València. Cierto es que en mi pateo de hace dos días acabé muerto (de 7.00 am hasta las 9 pm y 20 kilómetros según el mapa), pero el caso es que desde la parte sur, donde estoy yo, hasta el centro se puede ir andando. Está claro que si se va de turista lo interesante es llegar cuanto antes para aprovechar, aunque en medio te pierdes una enorme variedad de gente, calles, comercios y ambientes. Es plana, y el tiempo es idéntico ahora mismo, tanto de temperatura como de humedad. Está rodeada de campos de arroz y montañas, aunque aquí los bosques son muy frondosos y llegan al límite de la ciudad. Pero los arrozales (voy a intentar colgar alguna foto aquí o en el flickr en cuanto pueda) presentan un paisaje muy, muy parecido al de l’Albufera, e incluso su historia de desecación, cambios de uso, etc, es muy similar. Pero vamos con tres diferencias.
1) No hay barrios peligrosos. Ninguno. Ni buscando adrede. Ni bajo de un puente (hay pistas de tenis para aprovechar el espacio), ni en un parque por la noche, ni en una calle andando solo. Probablemente haya zonas más deprimidas, pero sólo tenéis que ver la web del Ministerio de Exteriores. La seguridad ciudadana es una percepción más que otra cosa, y aquí se nota la ausencia total de esa percepción. Hay que venir aquí para entenderlo, no se puede explicar. Yo no me lo creía. Ya podéis ver que sólo han hecho falta un par de días aquí.
2) Decía que Kyoto es parecida a València. Que es llana, que tiene un tamaño similar, un clima similar. Entonces, ¿por qué aquí hay tantas bicis? ¿Por qué la gente, ejecutivos incluidos, va en bici? No es sólo Kyoto, está claro, otras ciudades españolas y europeas tienen un panorama similar, pero la comparación con Kyoto es la más ajustada por orografía y extensión. Incluso me atrevería a decir que Valencia es aún mejor que Kyoto para ir en bici: llueve menos, hay rondas interiores y tiene una arteria verde como el río. Saquen sus propias conclusiones.
3) Está LIMPIA. Pero limpia quiere decir limpia como el suelo de tu casa. O más. Después de 14 horas andando contabilicé 2 colillas, 1 papel y 1 pequeño plástico. Seguro que tenéis más mierda en la cocina y el comedor que todo el centro de Kyoto junto. El plástico era de Chupa-Chups, o sea que ya sabemos de dónde venía. La estación de Kyoto es un edificio impoluto, pese a la cantidad de gente que lo transita y su extensión. En Europa, por avanzada que sea la ciudad, las estaciones de tren son invariablemente de lo peorcito que hay: reventados y camellos en Ámsterdam, ladrones y pedigüeños en París y tirados y borrachos en Bruselas (uno de los días estaba la policía deteniendo a un par de personas). La estación de autobuses de San Francisco (una ciudad maravillosa, aunque con su reverso oscuro) es la peor en la que he estado (rivalizando con la de Sacramento); probablemente un paseo por el Bronx en plena noche fuese más seguro y agradable. ¿Cómo puede estar tan limpia? Una ciudad se ensucia cuando se dan 2 circunstancias: la gente es guarra (ejemplo clarísimo: Valencia) y se limpia poco y mal. Aquí se da la inversa: en la vida verás a un japonés tirar algo al suelo (es más, ni tan siquiera lo verás tirarlo al receptáculo equivocado, porque aquí NO hay papeleras por la calle, sino, muy de tanto en tanto, mini-contenedores para los distintos tipos de residuos), y están constantemente limpiando, aunque no esté sucio. Esta mañana, por ejemplo, he visto a un grupo de 7 personas vestidas con traje de oficina, 2 mujeres y 5 hombres de distintas edades, bajar a la calle con escoba y recogedor. Obviamente no son trabajadores de la empresa de limpieza, puesto que ese caso llevarían un atuendo adecuado. Son gente que hace eso de forma ocasional, y por lo tanto, voluntaria. Y sí, se han puesto a barrer la calle, un ejecutivo mayor hasta se ha arrodillado a arrancar UNA A UNA las plantitas que crecen en la acera, una mujer ha arreglado las flores del jardín… ¿Captáis la idea? CUIDAN su calle. Y estoy seguro de que ni tan siquiera es donde viven, sino donde trabajan. Toma ya.
Y lo dejamos aquí, que yo se supone que he venido a este país a trabajar, y me toca ponerme otra vez en el asunto, después de parar un momento a comer.
Ja mata ne!
11.000 kilómetros
Llegué un sábado medio dormido, después de haberme pasado en la cama sólo 6 horas de las 64 horas previas al viaje (y aguanté hasta 12 horas después, ecir, me acosté con un promedio de menos de 2h de sueño cada 24h durante 3 días, ¡ni en la ruta del Bakalao!). En el avión de París no dormí por la corta duración y porque leer el periódico me despeja, al contrario que los libros. En el Charles de Gaulle vegeté como pude entre cafés made in Mordor y agua a precio de Waterworld, hasta llegar al avión, tras ser, por primera vez en mi vida, el primero de una cola quilométrica (¡no veáis el gusto que da!). Afortunadamente, me pusieron en pasillo de emergencia en ambos vuelos (requisito gordonautil a la hora de hacer el check-in), aunque para el CDG-KIX ya había escogido pasillo al comprar el billete en febrero (y no un pasillo cualquiera, hay asientos y asientos, os recomiendo consultar SeatGuru antes de cualquier viaje largo). Sin embargo, hay que tener una cosa en cuenta: la mayoría de los gordos, sean gordonautas, gordobarbas o gordosapiens, tienden a escoger esos asientos. Resultado: al lado se me sentó una mole inmensa, igual de alto que yo, pero el doble de ancho en ambos ejes. Yo creo que el avión iba escorado. Menos mal que en los asientos de emergencia los reposabrazos son fijos y hay separador de metal, porque de otra forma lo hubiese pasado peor aún. El tío, aparte de gilipollas y gordo, era un borracho, con lo que se empezó a zumbar gintonics desde el minuto -1, pasándose después a la cerveza, al tinto y finalmente, cuando se había acabado todas las existencias del avión, al blanco. Además, tuvo la suerte (para mi desgracia) de encontrarse con una amiga chillona y hortera, que resultó ser violinista, pero que como use su instrumento como sus cuerdas vocales lo lleva claro. Entre los dos (y el lavabo, que tenía justo enfrente) me amenizaron un viaje en el que intenté ver el bodrio de 2012, y que dejé por imposible cuando metieron a demasiado negro en plan T2 (¿aún estamos así?) y un paleto-padrastro graciosillo empezó a pilotar un Antonov, que se caen aún con pilotos profesionales a los mandos.
Así que me chuté un par de biodraminas (tienen en mí un efecto inmediato y extraordinariamente eficaz en lo que respecta a la inducción del sueño), me puse el fantástico antifaz de Air France (sin ironía, es muy bueno) e intenté dormir algo mientras amanecía en China, pero entré en un bucle de incomodidad/voces/codazos que no me dejó más que tener un par de microsueños de 3-4 minutos, hasta que decidí resopar algo (oh, qué curioso, del prometido buffet lo único que no tenían era helados Haagen Dazs), para después darme cuenta de que me iban a embutir el desayuno a continuación. Como una noche de fiesta, pero aún más acelerado. Así que un rato después me tomé el desayuno (aceptable, todo hay que decirlo) de pie (para evitar estrecheces y golpes, dado lo perjudicado que estaba mi enorme compañero de fila) mientras sobrevolábamos Korea y en el GPS aparecía ya Osaka.
A todo esto, hablé algo con una mujer japonesa de la fila posterior, a la que había ayudado a subir el equipaje de mano al principio, y me recomendó un par de sitios para ir en Kyoto, en una mezcla extrañamente inteligible de japonés, inglés y francés, que yo mismo acabé usando (con la adición del castellano y valenciano) de una forma que aún no acierto a comprender. Al bajar del avión soy consciente de haber hablado en al menos cuatro idiomas en Japón, decantándome por el “merci” para dar las gracias y “oui” para decir que sí, a lo cual sigo buscando explicación dado mi nulo nivel de francés.
Y aquí acaba este post, porque aquí empieza Japón.
viernes, 23 de abril de 2010
Desde el Charles de Gaulle
Bueno, con los preparativos y con el seguimiento personalizado que le he hecho al humo negro (dejamos para otro momento el megaespoiler, por si alguien no ha visto la sexta xD), que sí, mucha coña y mucho Lost con una isla llena de humo negro, aviones y gordos por medio (aunque lo más cerca de la lotería que he estado en mi vida es la semana pasada con una quiniela de 11), pero la cosa ha ido por poco, un par de días como mucho. Menos mal que cambié la fecha inicial de mediados de abril a finales, porque si no ya me veo con el transiberiano...
Total, que aquí estoy, con 4 kilos de sobrepeso (de maletas, no mío, ya quisiera yo xD) no cobrados gracias a distintos trucos gordonautiles (tened en cuenta que nuestro volumen desmesurado se traduce en más peso en la maleta y hay que conocer todas las formas posibles de engañar a las del check-in, entre ellas ir más cargado que Chaplin en la guerra), tomándome un café au lait abominable entre colas de gente y megafonía estridente e ininteligilible en cualquiera de los distintos idiomas radiados. Afortunadamente me han puesto, en ambos vuelos, en la salida de emergencia, lo que permite estirar bastante las piernas y salir pitando en caso de que la escenografía lostiana se pase de la raya. Hablando de todo esto, creo que voy a ver el 6x013, que lo tengo calentito en el ordenador y seguro que no me duermo hasta que no esté por mitad de Rusia...